Friday, March 24, 2006

TE AMO

Al pronunciar las palabras "hasta que la muerte nos separe", estamos comprometiéndonos a amar al esposo o a la esposa de una manera radical. Con un compromiso total. Y para conseguirlo, conviene de vez en cuando desempolvar y profundizar las grandes exigencias que implica un verdadero matrimonio requiere. Como en todo, lo primero que podemos hacer es tomar conciencia de que hay que luchar por adquirir y vivir esas exigencias. Luego, tratar de ser generosos para conquistarlas y hacerlas realidad. El Papa Juan Pablo II nos dice en la Encíclica Familiaris consortio"La familia, fundada y vivificada por el amor, es una comunidad de personas: del hombre y de la mujer como esposos, de los padres y de los hijos, de los parientes. Su primer cometido es el de vivir fielmente la realidad de la comunión con el empeño constante de desarrollar una auténtica comunidad de personas. El principio interior, la fuerza permanente y la meta última de tal cometido es el amor: así como sin el amor la familia no es una comunidad de personas, así también sin el amor la familia no puede vivir, crecer y perfeccionarse como comunidad de personas." Estas exigencias pueden resumirse en: la unidad la fidelidad la totalidad la indisolubilidad la fecundidad La necesaria unidad En un matrimonio, la unidad es necesaria y alcanzarla se convierte en un deber. Hay que llegar a ella porque es cuestión de vida o muerte en relación con su amor. En realidad, un matrimonio no puede vivir ni sobrevivir si no logra unirse sólidamente para hacer frente a los innumerables obstáculos que surgen inevitablemente en el transcurso de toda existencia humana. También, es necesaria esta unión, puesto que en la vida conyugal hay que tomar muchas decisiones. Si cada uno va por su lado, ¿qué se espera del matrimonio?. La unidad es condición de la paz; sin ella, el hogar se convierte en un auténtico campo de batalla. Se necesita unidad para establecer juntos los parámetros que se persiguen en la educación de los hijos. Ellos encontrarán su crecimiento, formación y desarrollo cuando los padres están en la misma sintonía. Si los padres, por el contrario, viven en contraposición uno con el otro, los hijos sufrirán, e impedirán esa sana paz familiar. La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador: “El hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gén 2, 24). De esta unión proceden todas las generaciones humanas. El mismo Papa Juan Pablo II nos comenta sobre la unidad indivisible de la comunión conyugal: "La comunión primera es la que se instaura y se desarrolla entre los cónyuges; en virtud del pacto de amor conyugal, el hombre y la mujer ‘no son ya dos, sino una sola carne’ y están llamados a crecer continuamente en su comunión a través de la fidelidad cotidiana a la promesa matrimonial de la recíproca donación total." (FC, 19). Esta comunión conyugal tiene sus raíces en el complemento natural que existe entre el hombre y la mujer y se alimenta mediante la voluntad personal de los esposos de compartir todo su proyecto de vida, lo que tienen y lo que son. Es, pues, obligación de los esposos esforzarse día a día para lograr esa unidad, base fundamental de la comunidad conyugal. Unión del cuerpo, unión de las personalidades, de las inteligencias, de las voluntades de ambos. Dificultades en la unidad del matrimonio La unidad en el matrimonio tiene varias dificultades, que sólo el amor, la generosidad y la responsabilidad podrán vencer. El matrimonio está conformado por dos personas diferentes, por lo tanto, son dos personalidades, dos voluntades, dos inteligencias, dos sexos los que se encuentran. Es grato ver a un matrimonio, a un hombre y una mujer, que se esfuerzan mutuamente por conocer y aceptar la personalidad del otro. Cuántas veces, por el contrario, el hombre desea que la mujer piense como él, y viceversa. Dos educaciones diferentes son las que conforman a un matrimonio. Es importante que que en el matrimonio se pongan de acuerdo, desde el inicio, para crear la propia educación específica del nuevo matrimonio. Cada uno de los esposos trae una educación propia, proveniente de su propia familia. Pero, se debe establecer cuál será la educación que entre ambos desarrollarán en su nuevo hogar. Necesidad de unión, de diálogo, para establecer la propia, la nuestra,la que educará a los hijos de esta familia. La fidelidad protege al amor El amor sólo puede sobrevivir si se acepta la fidelidad. El amor es una elección que compromete la libertad. Toda elección es exclusiva. Si te escojo a ti como esposa, renuncio a todas las demás mujeres que existen. El amor supone el compromiso irrevocable de mi libertad. Cuando se ama hasta el punto de unirse en matrimonio, se ha elegido libremente decir sí al amado. Amar es decir al otro tú eres el único, mi único. Todos los que aman verdaderamente experimentan, como por intuición, esta necesaria exclusividad. La fidelidad es la prueba del amor. Cuando por amor nos volvemos dos en uno, el único camino recto es el de la fidelidad. Si falta la unidad, se destruye el amor. Porque el amor es fecundo, llegarán los hijos, quienes tienen derecho a un hogar, donde crezcan como personas, que se les ame, que se le eduque. Para lograrlo, es necesario que los esposos vivan su amor con fidelidad. Por ser fecundo, el amor aspira a la fidelidad. De modo que el cónyuge infiel, además de contradecirse a sí mismo, miente a su familia. Nadie tendrá jamás derecho, bajo ningún pretexto, a ser infiel. La fidelidad debe de iniciar por el corazón, por los sentimientos. Ser fiel al cónyuge quiere decir, antes que nada, reservar el corazón para él. Hay que ser fiel al propio amor. Posiblemente no se llegue a la infidelidad carnal, pero el corazon ya pertenece a otro. Autor francisco cardona

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